Sobre mi trabajo

Sobre mi trabajo

 


Tras una experiencia personal, un día me encontré de algún modo equilibrando piedras. Al hacerlo, me di cuenta de que con ello alcanzaba un estado de profunda concentración que, en cierto sentido, me recordaba a mí mismo, a mi ser interno. Es como si, en algún momento especial de mi vida, ya hubiese tenido una sensación parecida. Sentí que la concentración en algún punto físico de equilibrio entre las piedras era una forma diferente y a la vez divertida de usar la meditación activa. Casi sin darme cuenta, empecé a hacerlo diariamente, y cuando quise darme cuenta ya era parte de mí.

La pasión por la fotografía me acompañaba ya desde hacía muchos años, pero fue al aficionarme a las piedras en equilibrio cuando me lancé a moverme más seriamente en ese mundo, buscando por un lado inmortalizar un arte efímero por definición y, al mismo tiempo, el modo de compartirlo con los demás, por lo que empecé a visitar lugares mágicos que me inspirasen la paz y armonía necesarias para crear estas composiciones. Todas ellas están realizadas en lugares hermosos y apacibles que estimulan mi imaginación y creatividad, casi siempre fuera del ruido de las ciudades, como las riberas de los ríos, las montañas, las playas… y un sinfín de sitios por los que me he dejado inspirar.

Las únicas herramientas que necesito son algunas piedras (aunque cada tipo de piedra requiere una técnica muy diferente para ser equilibrada) y equipo fotográfico. Sin embargo, son mucho más importantes las herramientas no físicas; lo realmente imprescindible para la creación de las esculturas es la capacidad de mantenerse en un estado de quietud, concentración y percepción, guiado por una respiración lenta y controlada y, cómo no, la inspiración para crear. La meteorología constituye un factor crucial: el viento, en particular, dificulta muchísimo esta actividad, haciendo imposibles los puntos de contacto demasiado finos.

Suelo buscar lugares con agua porque su sonido me ayuda a relajarme y a que mi cuerpo y mente estén conectados. De ese modo puedo percibir con más exactitud los pequeños puntos de contacto de cada piedra y sentir el lugar perfecto en el que quedan en equilibrio. No hay ningún tipo de pegamento que las una: todo queda sujeto únicamente por la fuerza de la gravedad. Mi trabajo consiste en buscar diferentes composiciones que suelen requerir cada vez más dificultad. La clave está en mantener una total confianza en mí mismo y en que soy capaz de lograrlo.

Como un surfista que siempre espera coger la ola perfecta, yo espero conseguir la escultura y el equilibrio perfectos, y que permanezcan estables lo necesario para quedar atrapados en el tiempo por mi cámara fotográfica. Mediante la fotografía intento transmitir lo que siento antes, durante y después de la realización de cada escultura. Cada una de las fotografías tiene detrás una preciosa historia de esfuerzo, quietud, belleza, percepción… Para mí, es como si cada una tuviese su propia alma y sus sentimientos. Al igual que las personas, cada una me evoca unos recuerdos y unas sensaciones diferentes.

Una vez que las piedras quedan en equilibrio hay que ser muy ágil y sigiloso, pues nunca se sabe cuánto tiempo permanecerán en esa posición: un leve temblor cerca de ellas o una simple brizna de aire puede derrumbarlas. De ahí para mí es de donde surge la gran belleza y armonía de este trabajo, pues es una mezcla entre magia, misterio y atención plena. Se trata de algo efímero y que por tanto nunca volverá a repetirse; así pues, disfruto con intensidad de cada instante en su compañía. Una vez fotografiada la escultura, me gusta sentarme a observarla y dejarme llevar por las emociones que me transmite, pasando de creador a espectador. Es como si yo mismo no hubiera tenido nada que ver con el hecho de que ella esté allí: solo he sido un medio para ese fin.

Por último y para cerrar el círculo, siempre intento que mi trabajo sea lo más limpio posible: el gran respeto que siento por la naturaleza me lleva a no dejar la más mínima huella. Todo el proceso es realizado en sintonía con el entorno. Nunca cojo piedras enterradas o que sirvan de hogar a pequeños seres vivos, y jamás las dejo montadas; una vez que termino, cada piedra vuelve a su lugar, y todo lo que traje, se vuelve conmigo. Lo único que me llevo de la naturaleza es una gran sensación de paz y un buen puñado de fotos, el único sitio donde podrán verse las esculturas a partir de ese momento.

Una de las cosas que más me llaman la atención y me hacen tomar consciencia de la trascendencia de las piedras en equilibrio es el respeto y el silencio que se producen cuando algún visitante me sorprende en pleno trabajo. Se da una especie de efecto mágico por el cual, al observarme, el estado de quietud y armonía en el que yo estoy inmerso les envuelve a ellos también. Al detenerse a mirar, a intentar comprender cómo la fuerza de la gravedad es capaz de crear una estructura de apariencia tan inverosímil, ya que parece contradecir las leyes de la física, inmediatamente entran ellos también en sintonía con las piedras. De la misma forma, cada vez que yo toco alguna piedra, entro directamente en conexión con mi trabajo y con ese estado tan especial que me une a la naturaleza y me conecta con mi esencia.

Poner piedras en equilibrio es una actividad que me llena de satisfacción, gratitud y respeto. Por esa razón me animé a compartirlo con el mundo, al principio virtualmente, y más tarde a través de los eventos y las exposiciones de fotografía y escultura, que acercan mis piedras al espectador.

Pedro Durán

 

 

 

6 Comments

  1. Claudia H Babic abril 27, 2018 at 1:16 am #

    Esto es bellísimo y las palabras… tan equilibradas como las piedras. ¡Brillante!
    Un abrazo desde Los Angeles California, donde hay muchas piedras, para que las vengas a equilibrar.

    • admin abril 28, 2018 at 4:22 pm #

      Muchas gracias claudia, eres muy amable. Te mando un fuerte abrazo

  2. Maia diciembre 22, 2019 at 10:57 am #

    Esta genial el articulo. Saludos.

    • admin enero 8, 2020 at 4:04 pm #

      Muchas Gracias Maia!!!!!!!

  3. Araceli febrero 3, 2020 at 10:04 am #

    Nunca mejor se podría explicar la conexión de lo que te ocurre, con el “punto de encaje” del que hablaba D. Juan Matus (el maestro de C. Castañeda).

    • admin febrero 6, 2020 at 7:08 pm #

      Muchas gracias por el comentario Araceli, cada palabra en la web ha sido antes sentida dentro de mi. Un abrazo

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  1. By 2017 on diciembre 31, 2017 at 4:18 pm

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